Investigadores de CrowdStrike examinaron la infraestructura de cuatro grupos activos entre mayo y agosto. Los atacantes habían dejado sus sistemas de IA accesibles en servidores web, lo que permitió observar los modelos y procesos que utilizaban. Operaban en chino, español e inglés, indonesio y ruso. Combinaban versiones de Claude con modelos abiertos de DeepSeek, repartían tareas entre agentes y sorteaban restricciones describiendo los ataques como pruebas autorizadas. Según la investigación, uno de los grupos comprometió al menos 15 organizaciones sanitarias argentinas.
El hallazgo no significa que la IA haya descubierto una forma inédita de entrar en cualquier red. CrowdStrike indica que estas campañas no emplearon vulnerabilidades nuevas. La automatización aceleró la búsqueda y explotación de fallos conocidos; las personas seguían eligiendo los objetivos. Para los defensores cambia el ritmo: servicios expuestos, parches pendientes y credenciales débiles pueden examinarse a gran escala. Cuatro casos no permiten calcular qué porcentaje de todos los ataques mundiales usa IA. Sí muestran que los filtros de un solo chatbot son insuficientes cuando un atacante puede cambiar de modelo y presentar instrucciones maliciosas como trabajo legítimo.